miércoles, 17 de marzo de 2010

Grandes enigmas de la ciencia




Acaso un mensaje extraterrestre

Eran exactamente las 23,16 del 15 de agosto de 1977 cuando el radiotelescopio Big-Ear de Delaware recibió una extraña señal. Venía del espacio exterior –en la dirección de Sagitario– y duró 37 segundos. La señal no se grabó, pero fue registrada por la computadora del observatorio, una vieja IBM con un mega de disco rígido. Unos días más tarde, Jerry Ehman, un joven astrónomo de la Universidad de Ohio State, descubrió revisando los registros la señal anómala más intensa jamás detectada por un telescopio. Al margen de la combinación alfanumérica (“6EQUJ5“), Ehman anotó la palabra “Wow!”, que le dio nombre a la señal. El extraño código provenía desde una dirección en la que la estrella más cercana está a unos 220 años luz. Todavía hoy nadie puede dar una explicación acerca de qué o quién lo emitió. Algunos piensan que se trató de una auténtica señal de una civilización extraterrestre con un transmisor de gran potencia. Otros, más escépticos, creen que fue provocada por un acontecimiento astronómico de enorme potencia.



Los rayos que se pasan de la raya

Por más de una década, los detectores del observatorio japonés Akeno estuvieron recibiendo rayos cósmicos que no deberían existir. Los rayos cósmicos son cualquier tipo de partícula que viaja por el universo casi a la vel o c i d a d de l a l u z . “Son l a s energías más altas conocidas en la naturaleza”, dice el doctor en Física de la Universidad de Oxford, Alberto Etchegoyen. Según la teoría de la relatividad de Einstein, cualquier rayo cósmico que llegue a la Tierra desde fuera de nuestra galaxia habrá sufrido tantas colisiones que no superará un máximo determinado de energía. Es el llamado límite Greisen-Zatsepin-Kuzmin. El problema es que algunos de los rayos que se detectaron en el observatorio japonés superaban ampliamente esa carga. ¿Estaba Einstein equivocado?, se preguntan algunos científicos. “También existe la posibilidad de que los rayos provengan de nuestra galaxia, pero no se conoce ninguna fuente que pueda producirlos”, afirma Etchegoyen, quien dirige el detector de rayos cósmicos con mayor superficie del planeta, el observatorio Pierre Auger Sur en la provincia de Mendoza. Financiado por varios países el observatorio fue construido especialmente para arrojar luz sobre los resultados de Akeno. “En caso de que éstos sean correctos, no hay ninguna teoría que pueda explicarlo”.



Una incógnita homeopática

Madeleine Ennis, una farmacóloga de la Queen’s University de Belfast, creía que la homeopatía era un fraude y se lanzó a probarlo. El problema es que los resultados de su estudio no fueron exactamente los esperados. El principal fundamento de la homeopatía es la ley de los similares, según la cual una enfermedad se cura con la misma sustancia tóxica que la produce, pero en dosis infinitesimales. Los remedios se elaboran entonces disolviendo esas sustancias en etanol y luego, diluyendo todo en agua, una y otra vez. No importa cuántas, porque los homeópatas sostienen que el remedio “se imprime” en las moléculas de agua. Para Ennis, era imposible que los remedios homeopáticos produjeran químicamente algún efecto. Para comprobarlo, hizo un experimento con basófilos, glóbulos blancos que actúan liberando histamina en una inflamación. Su sorpresa fue grande cuando descubrió que soluciones homeopáticas en las que no había ni una sola molécula de histamina funcionaban realmente como la histamina. La científica se sigue manteniendo escéptica respecto a la homeopatía, pero afirma que si los resultados del estudio de Belfast son correctos, “las implicaciones son profundas y se deberían reescribir parte de los fundamentos de la física y la química”.



El acantilado espacial y más allá, la nada

Si alguien pudiera viajar hasta los confines del Sistema Solar, observaría algo muy extraño. De repente, atravesando el cinturón de Kuipper –una región entre Neptuno y Plutón con un millar de asteroides de roca y hielo– no hay nada. Los astrónomos lo llaman el acantilado de Kuipper no pueden dejar de preguntarse a qué se debe ese abrupto corte. Una posible respuesta es la existencia de un décimo planeta que haya atraído gravitacionalmente hacia su órbita estos objetos. Sin embargo, aún nadie consiguió aportar ninguna prueba de su existencia.



Imposible engañar al efecto placebo

Un paciente sufre grandes dolores que sólo se calman con morfina. Luego de unos días, sin que el paciente se entere, se sustituye la droga por una solución salina absolutamente inocua y el dolor se alivia igual. ¿Por qué? ¿Cuál es el secreto? Es el gran misterio del efecto placebo. La investigación de un científico de la Universidad de Turin, Fabrizio Benedetti, demostró que el efecto placebo no sería sólo una cuestión psicológica si no también bioquímica. En su experimento, Benedetti agregó naloxone, una sustancia que bloquea el efecto de la morfina, a la solución salínica. El sorprendente resultado fue que el efecto sanador del placebo también desapareció. Los científicos aún tratan de encontrar una explicación. “El efecto placebo es un buen modelo para estudiar la interacción entre el cuerpo y la mente. Además, puede ser usado en la clínica para reducir el consumo de drogas. Un desafío del futuro es averiguar en cuáles enfermedades es efectivo y en cuáles no”, afirmó Benedetti al ser consultado por Clarín.



Las naves que viajan demasiado rápido

Esta es la historia de dos naves espaciales que por alguna misteriosa razón se desviaron de su trayectoria. Una, la Pioneer 10, fue lanzada en 1972; su melliza, la Pioneer 11, un año después. Algo las hecho ir más rápido de lo pensado. La aceleración es mínima, pero suficiente para desviar sus trayectorias en 400.000 kilómetros. Nadie sabe cuál es la causa. Algunas posibles explicaciones, como un error en el software o una pérdida de combustible, ya fueron descartadas. Los científicos afirman que si se trata de algún efecto gravitacional, no es ninguno conocido.



Fusión en frío: un prodigio irrepetible

Con la fusión fría se podría conseguir una energía limpia, barata e ilimitada, ¿pero es posible? “La fusión consiste en reproducir un pequeño sol en la Tierra, pero para eso se requieren temperaturas altísimas, de millones de grados celsius”, explica el doctor en Física de la UBA, Cesar Moreno. En 1989 dos científicos de la Universidad de Utah, Martin Fleischmann y Stanley Pons, anunciaron al mundo que habían logrado la fusión nuclear en una probeta. Y dieron una receta sencilla para lograrlo. Desde entonces, nadie lo volvió a conseguir. Y muchos creen que los resultados de Pons y Fleischman fueron un error experimental.



Los tetraneutrones son como las brujas

En 2001, en un acelerador de partículas de Caen, en Francia, detectaron seis partículas que no deberían existir. Las llamaron “tetraneutrones”: cuatro neutrones unidos entre sí de una forma que desafía las leyes de la física. Todos los intentos por repetir esta prueba han fallado.

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